¿Estamos “hiperdomesticados”?

La semana pasada me topé con una entrevista que le hicieron a Ricardo Darín en la sección Documentos del diario El País, de Madrid. Con esa mirada fría, profunda y descriptiva, este reconocido y multipremiado actor describió una realidad que le preocupa, y que debería preocuparnos a todos:

“Estamos medio dormidos. Cuando uno está al tanto de los maltratos, las humillaciones, los atropellos, las postergaciones… Me pregunto: ¿habrá sido siempre así? ¿Hasta cuándo vamos a seguir asistiendo con naturalidad a las aberraciones? ¿Cuánta gente vamos a necesitar ver durmiendo en la calle para darnos cuenta de que algo no ha ido bien? Estamos hiperdomesticados. Llegamos a la conclusión: “Bueeeno, esperaremos a que las cosas cambien; a que lo que nos prometen los señores de turno por las vías correctas se modifique”. Pero no parece que vayamos en esa dirección. …Y los números son fríos. Algo se nos adormeció.”

¿Será cierto que estamos adormecidos y que la realidad no llega a conmovernos? ¿Seremos perritos “hiperdomesticados” que aceptan lo que les pasa bajando las orejas, moviendo la cola y poniéndonos panza arriba para que nuestro dueño nos haga cosquillas?

Si esta es la descripción de nuestra realidad sería lamentable. Lamentable porque la situación de muchas personas no tendría vistas de solución, incluida la nuestra. Lamentable porque después de tantos años de democracia, o de tan pocos, y de tanto sufrimiento bajo el horror dictatorial, no habríamos aprendido nada de lo que significa defender nuestros derechos de ciudadanos y, principalmente, de personas, de seres humanos.

Con esto no estoy levantando las banderas de la Revolución. Han pasado tantos en la historia de la humanidad proclamando y, sin embargo, en la mayoría de los casos, se han quedado a mitad de camino.

Pero sí hablo de abrir los ojos y no creernos lo que nos quieren contar, ni los unos ni los otros. Darín decía “los números son fríos”, y es por eso que no debemos dejar llevar por simples cuentas, porcentajes o estadísticas. Salir a la calle, ver, mirar, observar, conversar con el otro, no dará una clara perspectiva de lo que realmente está pasando nuestro compatriota, y luego actuar. No quedarnos en el simple discurso sino enfrentar la acción.

No podemos seguir convalidando los atropellos, los maltratros, las humillaciones. Porque del otro del mostrador siempre hay hombres, mujeres y niños que sufren y necesitan de una acción aquí y ahora para salir de su situación angustiante.

La solidaridad es uno de los caminos, y seguiremos bregando por ella, pero la acción de los gobiernos, su compromiso con el bienestar de toda la nación, es lo que debemos exigir, reclamar y no dejar de esperar.

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