Dos Jesús, un mismo dolor

Escuchá y lee el editorial del 21 de diciembre de 2016:

Y como todos los años y a la misma altura del mes de diciembre, ya estamos casi en las vísperas de la Navidad. Claro que por estas latitudes celebramos con la misma intensidad la Nochebuena, el 24 de diciembre, y el 25 de diciembre, el día de Navidad. Pero diferencias mediante, son muchos los que se apuran, o mejor dicho se desesperan, para llegar con la comida, los regalos, los adornos y todo lo que incluye socialmente esta celebración.
Festejo que, a decir verdad, perdió buena parte de su significado original, y que pasó a ser un encuentro familiar, una cena de amigos o el momento del reencuentro, pero del verdadero homenajeado, muchas veces, ni noticias.
Para muchos esto se debe al peso de la costumbre, a la mercantilización de la sociedad consumista en la que vivimos, o a la secularización que vienen sufriendo nuestras vidas. Porque un festejo con fuertes y profundas raíces cristianas, hoy es celebrado por creyentes y no creyentes. El pesebre, con el niño Jesús como centro fue sustituído por el árbol de Navidad, y, muchas veces, los excesos de comida y alcohol y los festejos desenfrenados dan cuenta de lo que reina en la mente de las personas.
De Jesús, nada. En algunas honrosas excepciones sólo su presencia en el pesebre, pero en la mayoría de los hogares, y en muchos corazones, solamente le hemos dado la silla del rincón, para que no “moleste” con sus palabras de reconciliación, perdón y arrepentimiento.
Literalmente le hemos dado la espalda, y si nos quisiera sacar de nuestra fiesta de música, comida y alcohol, no faltaría alguno que hasta se atrevería a empujarlo y golpearlo para que no se entrometa.
Y eso le pasó anoche a Jesús, sí a Jesús, pero no al Hijo de Dios de quién festejaremos un cumpleaños más. Este Jesús tiene 10 años y vende fibrones para ayudar a su familia. Varios testigos denunciaron, a través de las redes sociales y ante las autoridades, que personal del bar Taco Box, de Alvear 122, lo sacó a empujones, lo tiró contra una puerta y lo golpeó en el estómago. Así de simple, así de crudo.
Este Jesús sólo tiene 10 años y seguramente una situación familiar muy distinta a la nuestra. Muchos lo acusan de prepotente y que de Jesús sólo tiene el nombre. Pero sin duda las circunstancias de la vida, en su corta década, no han sido muy promisorias, y si su vida y entorno no da un vuelco, es muy difícil avizorar un futuro prometedor.
Sin embargo, la violencia, la agresión, el golpe, el desprecio no me parece que sean los mejores modos para contener y ayudar a otro chico de la calle.
Dos historias, dos Jesús, y un denominador común: la exclusión y el rechazo.
Sinceramente espero que los responsables del bar que agredieron al niño Jesús de 10 años sean debidamente sancionados, y que nadie crea que tiene el derecho de violentar a otro por ningún motivo. Y que en estas próximas fechas navideñas podamos evaluar qué festejamos, para quién festejamos y a quién le festejamos. El otro Jesús, el que nació en Belén, se merece toda nuestra atención.

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