Cuando la verdadera motivación es el otro

El pequeño Murtaza soñaba conocer a Messi. Era su ídolo y se había hecho una camiseta con los colores de Argentina y el nombre del rosarino escrito con birome. En su caso, el sueño se hizo realidad y las imágenes, que se viralizaron en las redes, lo muestran de la mano del futbolista del Barcelona en un amistoso.
Otro niño, unos años mayor y del norte argentino, aparece llorando junto a su abuelo y maestro después de terminar la escuela primaria. Efraín, este adolescente de 11 años que se convirtió en el primero de su familia en terminar séptimo grado, también se hizo noticia por cumplir su sueño de concluir una etapa de su educación.
Las historias podrían ser muchas y variadas, en las que un niño o un adolescente puede llegar a la meta tan ansiada, y hacer realidad eso que tanto esperó.
Sin embargo en nuestro país hay muchos adolescentes que engrosan las listas de personas en calidad de adoptabilidad que están esperando que una familia los abrigue y les dé la oportunidad de cumplir con su sueño.
Pero, lamentablemente, las personas que quieren adoptar buscan pequeños, en su mayoría de hasta 3 años. ¿Adolescentes? ¿Jóvenes? Jamás. Y entonces, muchos de esos niños que fueron creciendo en los hogares y lugares de albergue, y que hoy llegan a los 18 años, pasaron parte, o toda, de su niñez sin poder sentir el amor, el calor, el cuidado y la contención de una familia.
¿Cuál es el problema? ¿Del Estado, con sus tediosos trámites? Sí, seguro que esa es una parte y muy importante. Son muchas las quejas de las familias que quieren adoptar en relación a la burocracia que frena la posibilidad de cumplir con su objetivo.
Los políticos dirán que se busca en primer lugar, y por todos los medios, de no romper el vínculo del menor con su familia natural. Pero a veces esa política, esa mirada en muchos casos cuestionable, llega a tal extremo que permite que un niño de siete años sea asesinado por la madre y su pareja, porque el Estado no tomó las medidas necesarias a tiempo.
Pero también es cierto que muchas parejas que desean ser padres están en la búsqueda de niños pequeños, bebés, a quienes puedan educar, formar y criar a su modo, y no adolescentes que seguramente vienen con una historia y una vivencia personal, en muchos casos, conflictiva.
Y aquí se plantea la pregunta: ¿Para qué deseamos adoptar o tener hijos? ¿Para nosotros, para cumplir con nuestros sueños o porque deseamos entregar nuestro amor y dedicación a una persona, sin importar su color de piel, su salud, su edad o su sexo?
¿Somos padres para responder a nuestro egoísmo o para darnos a otro? Y si hemos decidido adoptar, ¿por qué lo hacemos? ¿Para quién?
Si el objetivo es brindar a una persona la posibilidad de tener la familia que no pudo tener, no tendría que importar la edad sino la posibilidad de dar cariño y contención.
Seguramente que no es tan fácil y que hay muchos factores a considerar, pero también es cierto que deberíamos dejar a un lado el egoísmo y mirar por la necesidad de ese otro que, sin importar su edad, está esperando por una familia que lo abrace y lo haga sentir parte.

Escucha y lee el editorial del 14 de diciembre de 2016:

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