Becas que cambian vidas

Aunque Daniela nunca lo soñó, fue por ella y para ella que nació el Fondo de Becas para Estudiantes (FONBEC). Cuando la continuidad de los estudios de esta joven catequista que asistía al barrio Los Filtros de la ciudad de Córdoba se vio amenazada, y considerando su trabajo, perseverancia y amor por lo que hacía y estudiaba, Facundo Garayoa (en la foto superior), director nacional de FONBEC, comenzó a tejer las redes que hoy une a 15 filiales a lo largo de la Argentina, y dos en la hermana Bolivia.

Desde 1999 el Fondo se encarga de identificar a niños, adolescentes y  jóvenes con buenos promedios en su actividad educativa y cuya situación económica o familiar puedan ser una piedra para que logren sus sueños. Entonces, mediante un sistema de padrinazgos, se encargan de conseguir becas que ayudan a paliar, de alguna manera, su necesidad, pero, y aún más importante, sirven de acompañamiento y contención en su formación como personas. Es así que los padrinos y madrinas que integran FONBEC reciben en sus vidas, y algunos en sus propias familias, a sus ahijados creando vínculos que exceden lo económico y que se afianzan más allá del egreso escolar.

El primer padrino, Gustavo, fue un médico reconocido de la ciudad de Córdoba y amigo de Garayoa, que recordaba como una de las mejores cosas que le había permitido su profesión, la posibilidad de ayudar en la educación de una familia carenciada. Y fue así que todos los meses, hasta la finalización de su carrera, aportó para Daniela un monto de dinero que le permitió seguir soñando. Pero el impulso no quedó ahí, y las ganas y la satisfacción de dar a otros hicieron que este profesional cordobés quisiera ir por más.

“Lo mejor que pude hacer con mi profesión es ayudar a dar educación a una familia carenciada”. Gustavo, médico y padrino en FONBEC

“Buscando entre los chicos que asistían a la catequesis, encontramos a Carlitos, un chico que cursaba séptimo grado, abanderado y con la curiosidad de haber hecho dos años como alumno libre por su capacidad. Carlitos vivía en una casa de dos habitaciones con sus siete hermanos, su papá era carrero, y su escritorio para estudiar era la cama porque no había lugar. Este fue el segundo becario”, relata el director de FONBEC. Con el boca a boca se fueron sumando nuevos interesados en ayudar y becar a chicos, desafío que hoy cubre a 1550 becarios.

El trabajo, según Facundo, no termina con el egreso del becado de la escuela, colegio o universidad, sino que también buscan insertarlo laboralmente y, una vez en su trabajo, lo animan a que también se sume como padrino para replicar la experiencia. Este es el ciclo “completo” al que aspira FONBEC.

Desde el año 2008, este Ingeniero Mecánico decidió dejar todo, gracias al apoyo de un empresario y padrino del Fondo, y dedicarse de tiempo completo a conseguir que FONBEC crezca “a pesar suyo”, agrega entre risas. Y sin duda no se equivocó. Hoy, los miles de becarios que se dispersan por el país son la prueba de que todavía podemos cambiar la historia, porque ayudando a que las nuevas generaciones puedan acceder a una educación digna, contribuimos a transformar el destino de nuestra Nación. El secreto está en el compromiso.

@alejandrovena

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